FUNDASES se sienta en la mesa nacional de la bioeconomía en Colombia
Julio 2026 · Escrito por FUNDASES · 8 min de lectura
Escrito por: FUNDASES
Fundación para el Desarrollo Agroecológico, Social y Económico Sostenible
Publicado en colaboración con el Panel Nacional de Bioeconomía · Julio 2026
¿Cuántas veces ha probado el camucamu? Es la fruta amazónica con más vitamina C reportada que existe —por encima de la naranja y hasta de la guayaba— y, aun así, la mayoría de los colombianos nunca la ha probado. Esa pregunta, lanzada casi como una anécdota, resumió uno de los problemas más grandes del país: tenemos el segundo territorio más megadiverso del planeta y todavía no sabemos aprovecharlo. El pasado mes, FUNDASES fue invitada a sentarse en un panel nacional junto al Ministerio de Ciencia, el Ministerio de Ambiente, Fundación Natura, Swisscontact y la ANDI, para responder una pregunta que va a marcar el rumbo del campo colombiano los próximos cuatro años: ¿cuáles deben ser las prioridades de la bioeconomía en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo? Esta es esa conversación.
Una biodiversidad enorme, una economía diminuta
El panel arrancó con una cifra que incomodó a más de uno: la bioeconomía apenas representa el 0,13% del Producto Interno Bruto de Colombia. Para dimensionar qué tan poco es, un solo cultivo, el café, aporta entre el 2% y el 3% del PIB nacional. Y eso que Colombia tiene registradas cerca de 40.000 especies de plantas en el Sistema de Información sobre Biodiversidad del Instituto Humboldt, de las cuales 7.500 ya cuentan con usos reportados en alimentos, salud o cosmética. El potencial está ahí; lo que falta, coincidieron los panelistas, es infraestructura, mercado interno y política pública para activarlo.
La meta de la Misión de Sabios es llegar al 10% en 2030 — casi 80 veces más en menos de cuatro años.
Otro dato quedó flotando en la sala: más del 90% de los ingredientes naturales que usa hoy la industria colombiana de alimentos y bebidas se importan. Mientras el país tiene camucamu, copoazú y corozo creciendo en su propio territorio, buena parte de la industria nacional sigue trayendo de afuera lo que podría producirse aquí. A esto se suman otras barreras que los panelistas repitieron una y otra vez: líneas de crédito que no están pensadas para negocios que retornan en 10 o 15 años; una regulación atada a una Decisión Andina de hace 30 años; la falta de un centro de investigación propio para el sector, como sí lo tiene el café; y una cuenta satélite del DANE que todavía necesita más información de regiones como el Chocó y la Amazonía.
Comunidades, territorio y una nueva “moneda de negociación”
La moderadora del panel, Mabel Torres, exministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, abrió la conversación con una idea que atravesó toda la sesión: el relacionamiento con las comunidades rurales tiene que dejar de ser vertical.
Las comunidades en condiciones de victimización siempre creen que solamente reciben, y necesitamos enseñarles también que hay una moneda de negociación: el conocimiento, el territorio, la gobernanza territorial.
— Mabel Torres, Ex Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación · Panel Nacional de Bioeconomía, 2026
El caso de FUNDASES: proyectos que se miden en décadas, no en años
Clara Solano, directora ejecutiva de Fundación Natura, aterrizó esa idea con un ejemplo concreto: en La Zapatosa (Cesar), las comunidades ya producen un vino de corozo que hoy llega hasta el centro de Italia. Pero el negocio, contó, se ha construido casi sin acompañamiento institucional, y el reto sigue siendo que el valor se quede en el territorio donde se cosecha el fruto. Sobre esa misma idea de sostener procesos en el tiempo, Andrea Angarita, directora de Proyectos de FUNDASES, tomó la palabra para poner sobre la mesa una realidad que casi 40 años de trabajo en el campo colombiano le han enseñado a la Fundación.
Vea el panel completo
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▶ Ver panel en YouTubePor qué esto le importa a Colombia (y al campo)
Colombia está construyendo un nuevo Plan Nacional de Desarrollo, y la bioeconomía —coincidieron los panelistas— no puede volver a quedarse solo en el papel. Ya hay avances concretos: según explicó Natalia Ramírez, directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente, la Resolución 184 de 2025 amplió el pago por servicios ambientales más allá de la conservación, para incluir también negocios verdes y sistemas productivos sostenibles. El llamado general del panel fue el mismo que guía el trabajo diario de FUNDASES: construir sobre lo ya construido, en lugar de reiniciar cada cuatro años, y llevar la conversación de las mesas de Bogotá de vuelta a los territorios donde realmente ocurre la bioeconomía.
Los proyectos en los territorios no se hacen en uno o dos años; son procesos que implican cinco, diez, quince, veinte años, y para sostenerlos se requieren capacidades y recursos. El riesgo más grande es la continuidad: ¿cómo logramos que el acompañamiento técnico, político y financiero se garantice más allá de los cambios de gobierno?
— Andrea Angarita, Directora de Proyectos, FUNDASES · Panel Nacional de Bioeconomía, 2026
Sentarse en esta mesa no fue un ejercicio protocolario para FUNDASES: fue una oportunidad de llevar la voz del territorio a la discusión de política pública que va a definir cómo se financian y acompañan los proyectos rurales en Colombia durante los próximos cuatro años. Porque, como lo resumió la moderadora al cerrar el panel, la bioeconomía “es con las comunidades, es con la empresa, es con el Estado, es con los instrumentos” — y a eso, desde 1988, se dedica FUNDASES todos los días. Transformamos la tierra para cuidar la vida.
del PIB colombiano proviene hoy de la bioeconomía
especies de plantas registradas en el Sistema Humboldt
organizaciones invitadas al panel, entre ellas FUNDASES